Monthly Archives: October 2014

“Little Women” by Louisa May Alcott

I recently stumbled across a beautiful new edition of Louisa May Alcott’s classic Little Women, and decided to reread it. I had read it two or three times before, but the last time was in my early twenties (now a fond memory). In my recollection, the book was pleasant but a bit shallow, and of course a major tear-jerker in the second half. This time around, my impression was decidedly different. It’s not a shallow book. The writing is beautiful and the story lines are engaging. But the book cannot escape its firm setting in 1860s America, and doesn’t even try. It’s racist (though there aren’t many African-American characters, the few there are are treated with ridicule and condescension); sermonizing (and not in the gentle, allegorical manner of The Chronicles of Narnia–this is straight-up Lessons on Being a Better Christian); and weirdly chauvinist (every other nationality is feeble-minded or arrogant, but Americans represent all that is good in the world). None of this is intentional or malicious–I believe it is the natural consequence of the deification of the March family. They are presented as a perfect unit–not individually perfect, but balancing and correcting one another until their little estate operates as smoothly as a Christian commune. They eschew the company of others, admitting only those who commit to joining the March clan and living in the immediate vicinity. Any mention of non-March friends serves as a negative reflection of the outsider: the poor Hummel family, whom Beth aids with charity and attention, is responsible for infecting her with scarlet fever. Their own baby dies, but Alcott extends no sympathy–only mocks their German accent. Meg’s friend Sallie Gardiner, who pops up numerous times, offers a parallel life to Meg’s–what Meg might have been, had the Marches not lost their fortune. But Sallie only exists to show off Meg’s virtue, and despite never doing anything very bad, comes off the worse at every comparison. It’s as if Alcott couldn’t conceive of a happy, fulfilled life outside of the March cult. When I read that the March family was loosely based on the Alcott family, this made more sense.

That said, I managed to enjoy most of the book. As I mentioned above, it is beautifully written, and the characters of the four sisters are deep and complex. They flatten out a bit at the end, when they have all become grown women, but the boisterous energy of their youth lingers in the memory. Recommended with caveats.

Read if you enjoyed: Gone with the Wind by Margaret Mitchell, The Secret Garden by Frances Hodgson Burnett

Find Little Women at Multnomah County Library

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“Mujercitas,” escrito por Louisa May Alcott

Hace poco, descubrí una nueva y muy linda edición del clásico de Louisa May Alcott–Mujercitas–y decidí de leerlo otra vez. Ya lo había leído dos o tres veces, pero la última vez fue al principio de mis años veinte (hace mucho, ya). En mis recuerdos, el libro era agradable pero poco profundo, y obviamente bien lacrimógeno en la segunda mitad. Esta vez, mi impresión fue bien distinta. Es un libro contradictorio. La escritura es hermosa y la trama, cautivadora. Pero el libro no puede escapar su escenario en los Estados Unidos durante los años 1860, y ni intenta. Es racista (aunque no haya muchos personajes afroamericanos, el libro trata los que hay con ridículo y condescendencia); el libro sermonea mucho (y no con alegorías suaves como en Las Crónicas de Narnia–este libro nos da lecciones puras en Cómo Ser Mejor Cristiano); y encima, es absurdamente chovinista (los estadounidenses representan todo lo bueno del mundo, y todas las nacionalidades demás son bobas o arrogantes). Nada de esto es deliberado o malicioso–creo que es la consecuencia natural de la deificación de la familia March. El libro les presenta como una unidad perfecta–no perfectos individualmente, pero se equilibran y se corrigen entre el grupo hasta que su casa funciona con la suavidad de una comuna cristiana. Evitan la compañía de otros, aceptando sólo los que se unen con el clan March y viven en la vecindad inmediata. Si figura alguien fuera de la familia March, es sólo para servir como reflejo negativo del extranjero: la pobre familia Hummel, a quien Beth ayuda con caridad y atención, tiene la culpa de infectarla con la escarlatina. El bebé de los Hummel muere, pero Alcott no les da simpatía–ella solamente parodia su acento alemán. La amiga de Meg, Sallie Gardiner, figura varias veces durante el libro, y ofrece una vida paralela a la de Meg–lo que Meg podría haber sido, si la familia March no había perdido su fortuna. Pero Sallie solamente existe para enfatiza la virtud de Meg, y a pesar del hecho de que Sallie nunca hace nada muy malo, ella sale peor con cada comparación. Es como Alcott no podía imaginar una vida plena y contenta afuera del culto March. Cuando leí que la familia Marcha fue basada liberalmente en la familia Alcott, lo entendí mejor.

No obstante, disfruté la mayoría del libro. Como mencioné antes, es hermosamente escrito, y los personajes de las cuatro hermanas son profundos y complejos. Pierden un poco de dimensión al final, cuando ya están grandes, pero la energía bulliciosa de su juventud persiste en la memoria. Recomendado con advertencias.

Parecido a: Lo que el Viento Se Llevó por Margaret Mitchell, El Jardín Secreto por Frances Hodgson Burnett

Busque Mujercitas en la Biblioteca del Condado de Multnomah