“Mujercitas,” escrito por Louisa May Alcott

Hace poco, descubrí una nueva y muy linda edición del clásico de Louisa May Alcott–Mujercitas–y decidí de leerlo otra vez. Ya lo había leído dos o tres veces, pero la última vez fue al principio de mis años veinte (hace mucho, ya). En mis recuerdos, el libro era agradable pero poco profundo, y obviamente bien lacrimógeno en la segunda mitad. Esta vez, mi impresión fue bien distinta. Es un libro contradictorio. La escritura es hermosa y la trama, cautivadora. Pero el libro no puede escapar su escenario en los Estados Unidos durante los años 1860, y ni intenta. Es racista (aunque no haya muchos personajes afroamericanos, el libro trata los que hay con ridículo y condescendencia); el libro sermonea mucho (y no con alegorías suaves como en Las Crónicas de Narnia–este libro nos da lecciones puras en Cómo Ser Mejor Cristiano); y encima, es absurdamente chovinista (los estadounidenses representan todo lo bueno del mundo, y todas las nacionalidades demás son bobas o arrogantes). Nada de esto es deliberado o malicioso–creo que es la consecuencia natural de la deificación de la familia March. El libro les presenta como una unidad perfecta–no perfectos individualmente, pero se equilibran y se corrigen entre el grupo hasta que su casa funciona con la suavidad de una comuna cristiana. Evitan la compañía de otros, aceptando sólo los que se unen con el clan March y viven en la vecindad inmediata. Si figura alguien fuera de la familia March, es sólo para servir como reflejo negativo del extranjero: la pobre familia Hummel, a quien Beth ayuda con caridad y atención, tiene la culpa de infectarla con la escarlatina. El bebé de los Hummel muere, pero Alcott no les da simpatía–ella solamente parodia su acento alemán. La amiga de Meg, Sallie Gardiner, figura varias veces durante el libro, y ofrece una vida paralela a la de Meg–lo que Meg podría haber sido, si la familia March no había perdido su fortuna. Pero Sallie solamente existe para enfatiza la virtud de Meg, y a pesar del hecho de que Sallie nunca hace nada muy malo, ella sale peor con cada comparación. Es como Alcott no podía imaginar una vida plena y contenta afuera del culto March. Cuando leí que la familia Marcha fue basada liberalmente en la familia Alcott, lo entendí mejor.

No obstante, disfruté la mayoría del libro. Como mencioné antes, es hermosamente escrito, y los personajes de las cuatro hermanas son profundos y complejos. Pierden un poco de dimensión al final, cuando ya están grandes, pero la energía bulliciosa de su juventud persiste en la memoria. Recomendado con advertencias.

Parecido a: Lo que el Viento Se Llevó por Margaret Mitchell, El Jardín Secreto por Frances Hodgson Burnett

Busque Mujercitas en la Biblioteca del Condado de Multnomah

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